Es sencillo visualizar escenas de nuestra vida diaria en las que, sin espacio para la reflexión, juzgamos sin pudor escenarios que, en muchos casos, ni siquiera han estado al alcance de nuestro sentidos.

Nos dejamos llevar por la comodidad de emitir juicios de valor, sin tener en cuenta las consecuencias que, sobretodo para uno mismo, conllevan actitudes cerradas, que nos impiden devorar la vida como se merece, como se merece una aventura en la que cada instante es único, porque no volverá…

Escucho con sorpresa, y por qué negarlo, con ciertas dosis de decepción, cómo al compartir nuestros viajes africanos, las palabras que más suenan en boca de nuestros interlocutores son “miedo”, “inseguridad”, “peligro”, “enfermedad”, todas ellas palabras con una gran carga de negatividad para visualizar un rincón del planeta tierra donde yo solo veo alegría, felicidad, vitalidad, armonía y bondad…un rincón del planeta donde, en definitiva, yo he sentido, más cerca que nunca, que la felicidad es un estado real al que todos podemos aspirar, si somos capaces de dar un paso adelante, en forma de redefinir prioridades.

Hagámonos un favor: abramos puertas y ventanas, dejemos que la luz entre, leamos, viajemos, vivamos, y, sobretodo, abramos la mente. Aparquemos prejuicios, pesadas losas casi siempre imaginarias, encerremos bajo llave todo aquello que nos impide avanzar, y arrojemos esa llave al fondo del mar. Vaciemos nuestra mochila de todo aquello que realmente no suma.

Enterremos los estereotipos, y aprendamos a vivir con mayúsculas. Haced un hueco para vosotros mismos, y visionad este delicioso video.

Feliz día sin prejuicios!

The dangers of a single story

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